martes, 25 de agosto de 2009

Lo quiero todo!


La libertad, el mar, el sol, una travesía en velero viviendo del mar, en el mar, con él. La soledad inmensa, las noches de luna, las olas repitiendo en su lengua.
Son las 3:49 AM. Preparo solo una mochila: algo de ropa interior, un par de mallas, los dos pares de zapatillas que tengo, sandalias de playa, elementos de higiene… lo indispensable, como aprendí en más de 20 años de vacaciones en la playa.
Sí!! Saldré por fin. Nadie lo sabe… dejo una nota:

Gala, Carla, papá, mamá: salgo de vacaciones a Brasil, disculpen que no les avisé antes pero me decidí esta noche, y si no salgo ya, no me voy. Papá por favor pagale a Lionela su sueldo, cuando vuelva te lo devuelvo. Disculpen también lo breve de esta carta pero tengo muy poco tiempo. Los veo a la vuelta, no me esperen antes de un mes. Un abrazo, Daniel.

Busco mi documento, me subo al auto y siendo prácticamente las 4 de la mañana parto. El cansancio olvidado, miro la noche helada desde dentro del auto, casi no hay tránsito en la ruta… una delicia de noche para viajar.

Mi mente a mil, dando vueltas en círculos a las cosas del día pasado, a mi decisión de romper definitivamente las esperanzas de volver a un amor pasado (que ya había terminado pero que no quería reconocerlo), al hecho de haber dejado pasar dos oportunidades más de formar pareja… no termino de caer en que estoy viajando… Viajando! Pasan un par de horas y el resplandor del amanecer comienza a insinuarse, va amaneciendo y por fin caigo. Estoy de viaje siguiendo un impulso… y por lo visto sin ser totalmente consciente de ello tenía planeado algo en serio, porque llevo una muy buena suma de dólares.
Cuando saco la cuenta una imagen aparece en mi mente: el velero! El de mis sueños más locos, como que nunca me tenían como protagonista, aquel que realizaría una travesía con el mar por amante, llevando una vida simple y grandiosa, enseñando al hombre lo que hay dentro de su corazón.
Mi viaje me lleva, no soy yo el que decide, de forma que me rindo al impulso. Un entusiasmo tremendo me invade. Amanece, el mundo revive volviéndose más hermoso a cada momento: aquí vivo, éste es mi mundo.

Cerca de la ciudad de Posadas, un par de kilómetros antes de cruzar el arco que está en el límite de Corrientes con Misiones, hay una estación de servicio, vieja y mal mantenida, a la izquierda de la ruta. Nunca le dediqué una segunda mirada, salvo para pensar en el mal estado en que se encuentra, pero esta vez, en la banquina de mi mano de la ruta, está parado un colectivo con problemas. Hay gente que bajó, y veo a un par que cruzan la ruta. Bajo la velocidad, y no sé bien porqué me dispongo a parar.
Sí sé. Hay una mujer parada unos metros detrás del colectivo, con una mochila de campamento a su lado, en actitud de buscar que la lleven.
Tendrá más o menos mi misma estatura, algo más robusta que yo, usa jeans, un campera larga de la misma tela, lleva gorra y parece que tiene el pelo largo.
Mi corazón late con fuerza: es atractiva y yo siempre jugué con la fantasía de encontrar en la ruta una mujer con quien me atreviera a… con quien me atreviera.
Me decido y acerco el auto bajando la ventanilla… ella se inclina y me mira, se saca la gorra… por dios, que pelo! Baja en ondas desde los lados de la cabeza, invade la cara, el cuello, cubre los hombros y se vuelca hacia abajo y los lados como una marea brillante que devora todo, llamándome a morir en él, pidiéndome que lo toque lo huela lo acaricie lo adore por el resto de mi vida.
Despierto, veo que me mira divertida, estuve absorto en su pelo el tiempo suficiente para una vida. Se sonríe. Ya sabe.
-Te llevo? Me sale. Ni le pregunto adónde va, me desviaré al fin del mundo si me lo pide.
Se ríe, tranquila, segura de sí, ya sabe en efecto que produjo. Un calor inoportuno me sube a la cara, debo estar rojo como un adolescente…
-Gracias! Dice –A esta hora no pasa casi nadie…
Bajo y le abro el baúl para que cargue su mochila. Mira la mía (de tela de avión, es una mochila de juguete comparada con la de ella) y no dice nada, creo que me sonrojo otra vez.
Subimos al auto, arranco y cruzando el colectivo detenido veo que es un Crucero del Norte, de los que suelen ir hasta Brasil. Antes que ninguna idea cruce por mi cabecita recalentada me dice:
-Yo voy a Brasil, en colectivo hasta Posadas y de ahí tomo otro hasta el mar. Y vos hasta dónde vas?
Contesto sin pensar:

-Hasta la costa brasilera, a Pontal do Sul cerca de Curitiba e Ilha do Mel que es un paraíso, la conocés? Si querés te puedo llevar...

No hay comentarios:

Publicar un comentario